martes, 24 de abril de 2012

El Arte de la Guerra

Aunque a veces no lo parezca, yo me preocupo muchísimo por darles una educación coherente y racional a los polluelen.

A veces grito. Y amenazo. Y lloro. A veces paso. Y cedo. Y miro para otro lado.

Pero de vez en cuando hay que echar mano del cerebro – que que para algo está – y elaborar una estrategia compleja, pacífica y con visos a una victoria aplastante. Digna de Herr Sun Tzu.

Resulta que al Mayor, ese impertinente con dos dedos de frente, le ha dado por experimentar con armamento psicológico.

Como en esto ha salido a su madre, la cosa se está alargando más de lo esperado y en casa empezamos a parecer todos gilipollas. Pero se dice, se cuenta, que el diablo sabe más por madre que por diablo y en este tranquilo duelo de poder, tengo todas las de ganar porque... lo digo yo y punto.

Todo empezó con un virus estomacal cabrón que tuvo a los polluelen alternando sus cabezas en el váter (y en todas las camas, 2 alfombras, el sofá y el pasillo entero) un fin de semana completo. Unos días más tarde, cuando la cosa había mejorado sustancialmente por arriba, empezó a dar por saco por abajo. Tanto lo dio, que incluso hubo que rescatar polluelen „embarrados“ de la guar(r)dería en días consecutivos.

El Mayor, de salud por lo general envidiable, descubrió el poder de sumarse al canturreo infantil general y quejarse y quejarse y llorar y pedir que venga a buscarle su mamá.

Harta ya del „me duele muuuuucho la tripita“ (con diminutivo incluido, no se crean que el polluelo se anda con tonterías) y viendo que de Pedro y el Lobo sólo concluía lo coñazo que debe de ser la vida del pastor de ovejas, no me quedaban muchas más opciones.

Regañarle me pareció la más adecuada cuando ayer a media mañana me planté en la guardería a recogerlo (porque le dolía taaaaaaaaaaanto la tripita, que llevaba una hora sentado en una esquina) y, nada más verle, supe que era puro teatro.

Pero mis neuronas actuaron rápido y me avisaron a tiempo de la conveniencia de un cambio de estrategia: Según salimos de ahí me lo llevé al pediatra que, después de una exploración cosquillosa ahí donde en teoría le dolía taaaaaaaaaaanto, recomendó (guiño de ojo a madre incluido) dieta estricta.

Tee y Zwieback. Y mucho amor. Ríete tú de la dieta Dunkan.




Así llevamos desde entonces, siguiendóle la corriente al pobrecito y matándole de hambre. Y el niño, a pesar de estar como unas castañuelen y mirar con ojos golositos, larálarálarito, las delicias que engullen sus hermanos, no termina de confesar (aunque sepa que lo sabemos y sepamos que lo sabe) que nos la quiso meter doblada. Todavía. Hua hua hua.


lunes, 16 de abril de 2012

Abuelito dime tú...

Esta semana estoy de invitada aquí...



martes, 10 de abril de 2012

Liberalismo polluelil

Cuatro días frei en casa, (casi) todo cerrado, nieve, frío y tres polluelos desatados.

Biocuñada + biosobrinos + ñoñez suprema del tipo yo-he-venido-a-hablar-de-mi-bodaaaaaa (y de tus colchones, natürlichmente).

Un conejo huevón que ha dejado kilos y kilos de azúcar y „detallitos“ no aptos para espacios cerrados (véase patinete, tractor de arenero a escala del miniproprietario y tizas para el suelo).

Háganme el favor de quitar esa cara de interlocutor receptivo de tragedia, porque si estoy escribiendo esto es que he sobrevivido.

Empezamos muy resigno-motivados y hasta con un poquitín de ilusión, para que luego no digan: que si colorear un ratito, plastilina otro ratito, Lego otro poquito, entre medias algún librito, puzles...

Pero aquello empezó a degenerar pronto: dejaron de andar y empezaron a saltar y/o patinar; dejaron de cantar y empezaron a berrear; dejaron los cuadernos y empezaron a pintar las paredes; dejaron de moldear animalitos y restregaron la plastilina por los cristales...

Cualquier intento de educación responsable se reveló inútil y bastante humillante, hasta el punto de ceder ante „las galletas o la vida“ bajo amenaza de llanto simultáneo o cagadadesbordapañal (aclarar que ese tipo de cagada es apestosa sería redundante, ¿verdad?).

Eran mayoría y lo sabían. Estábamos acorralados.

Pero he aquí que la sabiduría popular a veces acierta y esta vez lo hizo para bien, con eso de que más sabe el diablo por madre que por diablo, y la tarde del último día de tortura parental a una se le ocurre una idea. Muy mala y muy poco pedagógica. No lo hagan. Nunca. O sólo si se han pillado a punto de pedir ayuda a los servicios sociales para padres. O planeando abandonarlos en el bosque.

Consiste en laisser faire.

Pero de verdad.

Siéntese en el sofá y no intervenga, déjelos regularse a sí mismos.

Verá lo que ocurre cuando no imparte justicia ante el usufructo inmediato del tractor nuevo. Y lo que desencadena el mirar para otro lado cuando Destroyer atiza al del Rizo y el del Rizo grita. Y lo que pasa cuando el mayor interviene collejeando al mediano y el del Rizo le remata con mordisco. Y lo que provoca que el Mayor consuele al mordido mientras regaña al mordiente. Y lo que es un bebé soberbio mandando a tomar por culo a todos y mordiendo también al otro. Y lo que implica cabrear al Mayor y llevarse un tirón de rizos a dos manos. Y lo que era de esperar cuando Destroyer no sabe a quién consolar y acaba cobrando ya no sabe de dónde...

Déjelos un ratito así. Ya verá como al rato se vuelven desconcertados, suplicando intervención materna inmediata.

Contrólese. Sonría y coja una revista. Y ponga cara de interés y concentración al pasar las páginas.

Uno a uno, acudirán desconsolados (y pelín magullados) a sus brazos, con algún libro que habrán elegido juntos, y le regalarán al menos 30 minutos de paz y armonía.

Y si avista amago de pelea fraternal otra vez, coja de nuevo su revista y déjeles claro que siempre les querrá. A todos igual.

lunes, 2 de abril de 2012

Alemania ist (nicht) anders

Lo primerísimo de todo, agradecer a Pilar Sanchez-Arjona y Diego Ruiz del Arbol este nuevo look que se llevan currando varias semanas para que quede así de estupendo como lo estáis viendo ahora mismo. Ha sido un lujo trabajar con ellos, dos profesionales como la copa de una Fichte que han sabido escuchar, crear y comprender por dónde iban mis tiros (y sin pegarme uno, que ya es...) ¡Mil gracias! A los demás, deciros que los podéis encontrar aquí y ver más trabajos suyos (y comprobar que lo bien que lo han hecho conmigo no ha sido una excepción).

Y ahora... Alemania ist (nicht) anders

Yo, que a veces me da por pensar y esas cosas, tengo una teoría. Es una gilipollez bastante poco elaborada pero, cuando una no tiene tiempo ni para miccionar a solas, cualquier obviedad verbalizada se parece a inventar la lavadora.

A mi teoría, que me acompaña en las Teutonias noche y día, la llamo sobre la Predisposición a tolerar (¡Tiembla Kant!).

Y es que en mis casi 8 años afincada por estos lares (y algunos más por otros diversos), he llegado a la conclusión irrefutable de que cuanto más opuesto es el entorno, más lo toleramos.

Tú te vas a la Conchinchina pensando que son rarísimos y dispuesta a dejarte sorprender y todo es guay y cultural. Luego un conchinchino te pellizca el culo y dudas... ¿será cultural? ¡¿será cochino?! Comen perro y no gritan, luego fijo que es cultural.

Te vas a Alemania pensando que sí, bueno, son rubios y cuadriculados (y muchísimo más civilizados) pero al fin y al cabo son de aquí al lado y oyes, hemos compartido Rey y todo. Luego un alemán se pone a bañar los platos y no lo dudas ni un momento... ¡vaya peazo guarro!

A medida que pasa el tiempo y la cantidad de alemanes baña-platos comprobada aumenta, empiezas a aceptar que son rarísimos y te dispones a dejarte sorprender por su cultura.

Y entonces llega el fatídico momento en el que todo (seguro que) es cultural...

No subestimen el momento pancultural, señores, porque un teutón listo (tu maromen, zum Beispiel) sabrá aprovecharse de tu recién estrenado Conchinchina-mood:

Sin ir más lejos, cuando su hermana se casa.

En un castillo muy piji, con guirnaldas de flores y catering.

A tomar por culen de tu casa (600 km., por ejemplo).

Y te diga (la hermana) que o sea, bitte, es súperguay y en el castillo tienen suite nupcial y habitaciones para los invitados.

Ideal von der Tod, vamos.

Y que como tú tienes tres polluelen, pues te ha tocado una grande.

El único problema, te dice, es que no hay muchas... y os tenéis que meter todos (Au-Pair incluída) en una sola.

Conchinchina-mood total, dices que vale, sí, que muchísimas Dankes (y tantreas mentalmente es-sólo-un-día-es-sólo-un-día-es-sólo-un-día).

Y como te ha visto tan tolerante y tan integrada, ha dado palmas con las orejas un ratito y te ha recordado los efectos colaterales de que sólo dispongas de un cuarto...

... que, obviamente, sólo hay una cama. Y que te tienes que traer tú los colchones y resto de accesorios para posibilitar la pernoctación a 6 en habitáculo compartido.

Cuando se te ocurre decir, de la manera más diplomática que te puede salir en ese momento, que... eeeeee... muchas gracias por el ofrecimiento, sé que tus intenciones son buenísimas, pero es que verás... eeeee... para tí es mucho más complicado hacerte 600 km. con la prole y los colchones que cogerte una habitación en un hotel o pensión o motel o posada o lo que sea...

La pataleta es suprema.

Viendo que no atiende a razones, te pones en modo Estivill total y explicas que por encima de tu cadáver te llevas tus colchones de excursión por las Teutonias. Que te vas a un hotel por tu cuenta (corriente) y riesgo.

Acordándose de otras situaciones en las que te la coló pero bien colada, Maromen y Familien intentan hacerte comprender que es que aquí se hace así. Que Alemania ist anders.

Y tú dudas, claro... ¿será esto cultural? ¿serán estos hipipollas?

Hasta que decides preguntar por ahí a tus amistades autóctonas, con la mayor delicadeza posible, si es normal aquí eso de „mudarse“ a las bodas.

El descojone generalizado te hace deducir que no, no es normal. Luego son hipipollas integrales.

Y como a Maromen le tengo a mano para esto del terror psicológico, no hay día que pase sin que le suelte algo tipo: „Ains, no sé qué plato llevarme para la boda... ¿tú te vas a llevar cubiertos de pescado? ¿no? vaya... ¡con lo que te favorece comer con pala!"