lunes, 27 de febrero de 2012

Colecho

Todo esto según la R.A.E., conste:

con-.
(Del lat. cum).
1. pref. Significa 'reunión', 'cooperación' o 'agregación'. Confluir, convenir, consocio. Ante b o p toma la forma com-. Componer, compadre, combinar. Otras veces adquiere la forma co-. Coetáneo, cooperar, coacusado.

lecho.
(Del lat. lectum).
1. m. cama (‖ armazón para que las personas se acuesten).

Por esto deduzco yo, a bote pronto, que el colecho es algo así como „reunión familiar en una (mi) cama“ o „agregación de polluelen a la cama grande.“

Vaya por delante que aquí, en (al) principio, no se practica el colecho. Cada uno se acuesta en su camita, se arropa con su mantita y se despide hasta el alba.

Lo que ocurre es que aquí (como en la mayoría de los hogares apolluelizados, supóngome yo), a partir de la medianoche una no está para discutir con nadie. Y menos por minucias como la almohada y el edredón.

El problema del colecho en esta Haus, miren uds. por dónde, son los niños. Yo no sé cómo compartirán las otras familias una cama, o cómo se agregarán los otros entecitos al lecho paternal... porque aquí, lo que se vive por las noches, es el Desembarco de Normandía. Una y otra vez.

La ronda de reconocimiento suele ser tarea de Destroyer, que se acerca de puntillas y me mira fijamente. Digo yo que se repetirá mentalmente algo así como „¡abréte edredón!“, porque decir no dice nada pero tiene una habilidad pasmosa para hacerse notar y acabar en su lugar.

Unos minutos más tarde empiezan las sirenas (gritos desaforados del del Rizo), que desencadenan el avance de las tropas al completo: El Mayor, transportando al del chupete y una tropa de peluches de tamaño cojonero.

Si creen que eso es todo, se equivocan. La batalla no ha hecho más que empezar.
Amén de diversas armas de destrucción masiva (tipo flatulencias, garritas en los quesos y, ahora que estamos en época, cuenquitos con cebolla) que aplican sin piedad, los invasores se emplean a fondo en el cuerpo-a-cuerpo: Patadas voladoras, cabezazos, placajes riñoneros y tirones de pelo son sólo unos ejemplos de las habilidades innatas del enemigo.

Y sí, siempre ganan. Bajo amenaza de no-dormiremos-nunca-jamás, Maromen lleva ya varios días desterrado en el sofá. Y yo, que me paso las horas con las manos estrujás y 3 pares de pies encajados en las lumbares, deseando colechar. Pero con él.

martes, 21 de febrero de 2012

Narcolepsia

Existe una especie de dolencia, un estado, unos episodios recurrentes que no son patrimonio exclusivo de Homer Simpson. Ni hay que ponerse como Homer para padecerlos.

Las madres, sean redundantes o a palo seco, corren el riesgo de narco-colapsar (y no me refiero a las sobredosis de Apiretal) en cualquier momento y en cualquier lugar.

Esa vida al límite que llevamos, esas noches sin dormir a trozos (ahora me duermo, ahora lloro, ahora me he cagao, ahora tengo sed...), esas veladas románticas con el maromen al calor de la boloñesa para mañana, esas conversaciones trascendentales e interminables sobre el color del Lego o la lista de la compra...

Todo eso y mucho más se nota más allá de las canas prematuras y las ojeras perennes (y aquí aprovecho para suplicar que, por Dios, vuelva el estilo Gotic-chic ya).

Y no sólo porque arrastremos los pies y no dejemos de bostezar hasta el 5º café, no. Es que como nos sentemos un momento, cortocircuitamos.

No importa que estés leyendo un cuento (probablemente el mismo por enesísima vez) o coloreando un dragón o untando paté en el bocadillo... de repente tus párpados cobran vida propia y tiran hacia abajo que no veas (que no veas nada).

Mi primer episodio narcoléptico de verdad verdadero fue hace ya unos meses, no tantos, cuando el del rizo todavía no olía a choto, sino a bebé lactoso, y él mismo colapsó de sueño colgado a la teta derecha de una servidora. Que el Mayor y Destroyer estuviesen apasionados con la aspiradora impidió que ocurriesen males mayores y endulzaron el despertar de su querida madre, que se alegró horrores de encontrarse el salón impecable y no indagó sobre el paradero de la cortina desaparecida.

El segundo y último tuvo lugar hace poco, unas horas apenas. Y es que pasar de estar de vacaciones (en serio, sin niños ni maromen) a gestionar de nuevo y al completo el Nido del Cuquen en un día, no puede ser sano.

Tras media jornada fuera de la Haus, varias lavadoras, 2 puzles, un guiso de ternera, 4 libros y una granja abstracta en plastilina multicolor, la que escribe decide descansar posaderas en eso que a veces es sofá, a veces cama elástica, a veces castillo de los malos. Gratamente sorprendida por la pacífica e interactiva actividad de a 3 de los polluelen alrededor del Lego, una no lo pudo evitar y se dejó llevar por sus párpados rebeldes.

„Bueeeeeno, sólo voy a cerrarlos un momento“ era mentira y yo lo sabía. Que los 3 me mirasen a la vez – a la vez – justo antes de hacerse la oscuridad debería de haber hecho saltar todas las alarmas, pero una quiso confiar en la bondad polluelil y no le dio más importancia.

Lo siguiente que se recuerda es un timbre insistente y pasos voladores y risas a tropel. La cara de la vecina, que quería sal pero luego no quería nada, déjalo, nada nada, me lanzó al espejo más cercano.

Y sí, se confirmaron mis sospechas: una ceja renegría y un bigote a lo Dalí pero más torcido me anunciaron la muerte de mi rímel. Y, natürlich, que el Lego sólo era una tapadera.

Un „Mamá, no sabíamos que te habías muerto sólo un momento...“ me ha hecho jurar por lo más sagrado que nunca jamás de los jamases, no vaya a ser que la próxima no llame nadie a la puerta y me despierte en cruz.

lunes, 6 de febrero de 2012

¡Cómo está el servicio!

Pusimos anuncios en todas las nubes, ofrecimos más del doble de la tarifa normal, seguro a todo riesgo, vacaciones pagadas...

Pocos fueron los valientes candidatos y, después de descartar a los que tenían antecedentes infernales y/o ninguna experiencia en Destroyers (si ignora la trayectoria estética del rubiales pinche aquí y aquí), sólo nos quedó uno.

Para ser sinceros, no era tan malo el angelote. Sí que es verdad que no tenía muy dominado el tema frente-cantos de las mesas o que no era muy rápido en manos-vitrocerámica, pero por lo demás estábamos bastante contentos.

Hasta esta mañana.

Nada más encender mi ordenador y justo cuando me disponía a empezar a ganar leuros, escucho a través del teléfono a la Rottenmeyer babeante vociferar frases inconexas llenas de palabras acojonamutters: Platzwunde! (Platz = explotar, wunde = herida, toma ya) Kopf! (cabeza) Nähen! (coser) Destroyercito!

Veloz como un rayo y sin despedirme de nadie, abandono mi puesto de eso-que-me-hará-libre y vuelo al lugar de los hechos.

Y allí me encuentro al cuñao en brazos de la de las babas (que por un rato laaaaargo fue la de las lágrimas), cantando el cura-cura-sana teutón y con unas gasas en lo que antes era un intacto, suave y precioso párpado derecho de bebé.

Al quitar la gasa, casi me da un síncope: Unos 3 cm. de largo y (así a ojo de Mutter histérica) los mismo de profundidad, llenos de sangre alemañola.

Advierto que el niño cantaba el cura sana con una alegría que ya quisiera para sí el Ratón de Susanita y que sólo frunció la boquita y soltó un par de lagrimones cuando vio a su madre al borde del colapso por-mi-hijo-ma-to.

Según me cuenta una compungida profesora, el angelito se encaprichó por sus hueven justo del puzle (de madera, natürlich) que estaba justo un par de baldas más allá de su cabeza y, por supuesto, justo justo debajo del tablero de ajedrez (también de madera, por si quedaba alguna duda). Y justo en un despiste de todos los adultos por tropecientos niños que hay, sacó el puzle en cuestión y el tablero de ajedrez, que (comprensiblemente) debía de estar aburrido cual ostra en una guardería, decidió acompañarle. Pero eso sí, por su cuenta y riesgo gravitacional.

Por si a alguien le interesa, el tablero ya no se encuentra entre nosotros. Pobre, no han podido hacer nada por él.

El párpado de Destroyer, en cambio, tiene una estupenda colección de tiritas de esas modernas que ponen ahora en vez de puntos. Y el tamaño de un huevo.

Una servidora, con el modo madre-coraje-ay-diosssss todavía on, se atrevió a preguntar en el hospital por algún calmante o loquesea para el dolor y fue mandada a la porren con un „¿Es para ud., no?“

Después de un día en casa observando detenidamente a la familia, me han dado ganas de volver al hospital a por ese calmante, porque asimilar que tu familia es más Adams que Müller requiere medicación: Los padres ojerosos, el recién estrenado bípedo con rizos como la momia (manos hacia alante y no uso de rodillas incluídos), Destroyer sin diente y sin párpado y el Mayor, que ahora le cuenta a todo el que entra que Jesús, en realidad, quería (que-rí-a) morir.

miércoles, 1 de febrero de 2012

¡Funciona!

A todas esas madres con complejo de disco rallado y sentimiento de culpabilidad agudo y machacante os digo que... ¡Funciona!

Te das cuenta tarde, eso sí, cuando habías perdido toda la esperanza. De repente te dicen que el que tu hijo mayor empiece el curso que viene el cole, depende estrictamente de sus Sozialen Kompetenzen.

¿Entschuldigung?

Vamos, que da igual que no sepa contar, ni lo que es una letra, ni agarrar un lápiz.

Lo que importa para el cole es que sea independiente, no dé mucho la laten y ande bien de reflejos: atarse los zapatos, limpiarse (bien) el culo, ir a por el pan o llamar a una ambulancia, por poner unos ejemplos.

Ya que estamos, yo añadiría además ducharse solo, preparar la cena, planchar camisas y tender lavadoras. Pero en esta vida no se puede tener todo y pretender que un mico de 6 años pase de emperador abroncado a miembro igualitario y responsable de la República Independiente de su Haus requiere más años de entrenamiento.

Volviendo a los básicos, aquí hace unas semanas que hemos dejado el mi-mamá-me-mima-yo-mimo-a-mi-mamá y nos hemos concentrado en los cordones y el teléfono.

Después de aprenderse el código de su Oma de memoria (no te ofendas, mamá, pero es que sin prefijos internacionales es más fácil), la buena mujer ha sentido tentaciones de cambiarse de número por acoso y derribo. El día que, mientras una servidora cambiaba el pañal apestoso de Destoyer en el piso de arriba, el competente social en cuestión se dedicó a llamar para relatar cómo su (mala)madre se había ido a la compra y había dejado a los polluelen solos en casa, decidimos que el 112 lo dejábamos para más adelante.

Limpiarse (bien) el culo está siendo tarea harto difícil. Sobre todo porque el niño se debe de sentir abandonado en el frío retrete y ha decidido elegir entre el papél higiénico o la cadena. Por unanimidad (y pensando en la salud aromaterapéutica de toda la familia), hemos llegado a una acuerdo: si él tira de la cadena, nosotros le rematamos el culo.

Dando ya por perdido al Mayor como colegial prometedor a partir de septiembre, nos embarcamos en un último experimento. Pero ya así como desganados y sin azuzarle mucho: Aprovechando que el fin de semana dormía en casa de los Abuelen (que viven a una manzana de la panadería), iría él solito a comprar los bollitos el sábado por la mañana.

Y ahí que salió él todo mono (nos contaron), con su listita y 10 leuros, izquiera-derecha-izquierda cruzó la calle y regresó a los pocos minutos sano y salvo, dispuestísimo a regañar a la Oma, que se había olvidado de incluir cruasán para Destroyer (pobrecito mío), y le había costado Dios y Ayuda convencer a la panadera de que la lista era sólo orientativa.

La Moraleja de la historia, sin embargo, viene por otra bronca del entecito impertinente. Una amiga del mierdapueblo, en el mismo lugar a la misma hora, fue testigo desapercibido de algo inaudito: A la señora de los panes le debió de parecer tan gracioso mi hombrecito que al irse le ofreció gominolas. Y le cayó la del pulpo. Un ¡¡Pero si es por la mañana!! fue el principio de una retahíla de reproches sobre la salud, las caries y lo que le ha dicho su madre que duró 5 minutos de reloj, dejó boquiabierta al resto de la clientela y muy avergonzada a la panadera.

A mí personalmente me ha resultado un alivio saber que „sólo“ se comportan como incompetentes sociales conmigo. Aunque ahora que lo pienso, cuando estoy con mi madre yo también me pongo de un ñoño que no hay quien me aguante.