miércoles, 31 de agosto de 2011

De vuelta (y media).

Que los niños han crecido es algo que, por lo general, nota siempre cualquiera antes que sus padres.

Las pocas ocasiones en las que los progenitores se sienten cual pariente poco visitado – del tipo madremíaquémayoresestánperoquétiempotienen – se dan en circunstancias muy particulares (como por ejemplo después de haber pasado casi 2 meses fuera de casa) y suelen ser perjudiciales para la salud mental.

Yo me fui del mierdapueblo con 1 niño, 1 ahíahí entre bebé y niño y 1 bebé. Y me he vuelto con los Dalton.

El mayor no para de hablar y su nivel de conversación empieza a ser preocupante:

Niño: Abuela… (señalando a un grupo de octogenarios) ¿tú te vas a poner así de vieja?

Abuela: Sí.

Niño: ¿Y el abuelo?

Abuela: Sí, también.

Niño: ¿Y mamá?

Abuela: Sí, cariño, todos. Tú también.

Niño: Ya, claro, pero cuando yo esté así de viejo tú ya estarás muy muerta.

Niño: Mamá… ¿vas a fumar?

Yo: Sí.

Niño: ¿Y por qué fumas?

Yo: …

Niño: ¿Sabes que si fumas te puedes mortar?

Yo: Ya lo sé.

Niño: ¿Entonces por qué fumas?

Y así ad aeternum

El mediano (a.k.a. Destroyer) celebró su segundo cumplinos fiiiilis y ha entrado en la fase rabietas por la puerta grande. No habla ni jota de alemán (lo cual es un alivio cuando señala especímenes femeninos teutones y grita a pleno pulmón “¡¡mira mami vaca!!”) y se niega a probar el Apfelschorle desde aquel percance con sidra que tuvimos del que, por temor a los servicios sociales, no hablaré.

El Monstruo del Rizo… Se ha unido al club. Gatea cual bala detrás de sus hermanos, vayan donde vayan. Practica aplicado su andar bordeando la mesa del salón varias veces al día y el lanzamiento de chupete asesino otras tantas. Grita y azuza a sus hermanos para que hagan gamberradas. Eso sí, sigue con 2 dientes.

A esto hay que añadirle que ahora comparten cuarto los tres y que les oímos descojonarse por el aparatito por las noches. Varias veces hemos tenido que recolocarles en sus correspondientes camas y cunas (no quiero saber cómo salió el pequeño de su cuna ultraprofunda y ultrasegura para acabar en la cama grande) y pegar cuatro gritos para que se acabase la farranda. Inútil: Se descojonan. Ahora ellos son 3 y nosotros sólo 2... y lo saben.

o sólo 1, porque esta semana mi Kindermacher está en busca del tiempo perdido en la oficina (y por las horas que pasa ahí parece que no lo encuentra) y la guardería cerrada por vacaciones. Y yo, que ya me había acostumbrado al paraíso, tengo que volver a aprender cómo se usa la lavadora... y el ordenador.