domingo, 24 de julio de 2011

Comida de viejas

No sé si inaugurar una sección para Destroyer en la piscina, porque el niño da para mucho.

Demasiado.

Mientras que el Mayor se limita a tirarse y a bucear y sólo advierte su presencia un insistente “¡Mamiiiii miiiiira! ¡miiiiiiira mamiiiiii!” y el Monstruo del Rizo se infla a galletas sujeto de un tobillo (por mi mano, no se asusten) para evitar que repte hasta el agua, Destroyer me tiene loca.

Como no voy a poner fotos y para que se hagan una idea, diré que Destroyer es el típico niño que probablemente sea ángel o niño Jesús en todas las funciones Navideñas escolares (y esto, dicho de un colegio en Alemania, para que sean conscientes de la gravedad del asunto) pero que, al mismo tiempo, tiene un parecido preocupante con Chucky pero sin pecas (acentuado además, por esos dientes separados que enseña y esa risa malévola que suelta cada vez que hace una de las suyas).

Destroyer se lanza en plancha a la grande, tenga o no tenga los manguitos puestos, vapulea con el churro al Mayor cuando se lo cruza, le roba la galleta al del Rizo cada 5 min., nada cual perrillo hasta el centro de lo más profundo, ríe malévolamente y te mira como diciendo “venga, tía, a que no te tiras a por mí huahuahuahua”, y cuando por fin sale del agua y una va dispuesta a regañarle, se enrolla en la toalla diciendo fío, pone ojitos tiernos y te acaricia el pelo. Diabólico.

El sábado por la tarde, hora punta de la piscina, todo era de lo más normal: Mayor en el agua jugando al príncipe sireno (lo juro), mano sujeta a Monstruo del Rizo sujeto a galleta y Destroyer en posición preplancha agarrado a la escalera…

De pronto, algo así como un torpedo salió disparado del pellizcable culo de Destroyer, reventando su bañador pañal y dejando un reguero marroncillo (y bastante obvio) en su pierna derecha. Rauda y veloz que se ha vuelto una, salí corriendo hasta el lugar del… hecho, sacando al niño en volandas por encima de la vallita (de los 00s) y entregándoselo a mi señora hermana (soltera y sin hijos, y después de esto seguro que por más tiempo) para que lo cambiase. Yo me iba a ocupar de que el reguero que había alcanzado el bordillo no llegase hasta el agua.

3 min. después de estar echando agua hacia el césped (indicaciones del socorrista) y dejar el bordillo como una patena, me giro para encontrar a mi señora hermana en la ducha-entrada de la piscina luchando con miles de lentejas.

Lentejas, sí. Los 3 platos que se había zampado el Gormiti en la comida del viernes. Enteras.

Me uní a la caza de la lenteja con toallita, aplaudiendo a mi señora hermana por su genial (ejem) idea… La de llevarle a la ducha en vez de a la fuente, la primera, y la de encender una ducha y ver cómo las lentejas sorteaban el desagüe y se iban dirección a la de enfrente, después.

Pero la niña tuvo suerte porque, cuando el Gormiti dejó de chapotear alegremente en sus legumbres y se me agarró a la pierna con su carita de abrázame-que-tengo-fío, me di cuenta que estábamos rodeados de niños que habían pasado del alucine “¡¿le han salido lentejas del culo?!” al “¡guarro!¡pero que niño más guarro!” y mi cabreo se redireccionó.

Con mi Chucky no se mete nadie.

Así que una sabiendo que, en esas situaciones, ni la razón ni la violencia ayudan y, en vista de que las otrasmadres no paraban el linchamiento verbal de sus criaturitas a mi angelito, se limitó a decirles (muy seria) que sí, que eso eran lentejas… ¿Que de dónde creían salían?

Ojos como platos. Silencio. La seguridad de que Destroyer no será el único que se pase sin tomar legumbres una buena temporada. Hua Hua Hua.

lunes, 18 de julio de 2011

Esperanto

Destroyer habla. Un huevo.

Desde hace unos días ha recuperado la lengua perdida (que ya era hora, por otro lado) y ahora voy por la casa como si tuviese eco.

¡Destroyer, ven al baño!.... ¡oyer!¡eng ¡anio!

¡Destroyer, la crema no se come!... oyer ussta mema, mema lica.

Ahora que el niño consigue expresarse, a esa edad en la que sólo le entienden sus padres (y no siempre, todo sea dicho, Esperanto familiar), la gran preocupación mierdapueblil es si el niño habla o no habla alemán. Porque, claro, con la excusa de que el Gormiti en cuestión tiene una madre Ausländerin, a la mínima que no se le entiende, se achaca automáticamente el defecto a la Muttersprache y no a que todavía no ha celebrado su segundo cumpleaños.

Para tranquilizar al personal, diré que en el mierdapueblo tienen una obsesión enfermiza con el lenguaje de mis hijos. Tanto, que el otro día me preguntaron si el Monstruo del Rizo (8 meses recién cumplidos) habla alemán… ¿Wie bitte? Tanto, que me miran condescendientemente y me corrigen mi alemán por pedir Brötchen y no Brötle o decir Nein en vez de Noi. Aquí cuando dicen Deutsch, quieren decir Schwäbisch (a.k.a. dialecto más feo del país).

Para tranquilizar más aún al personal diré que el niño habla alemán. Al contrario que el Mayor, que tiene acento (de Jerez de la Frontera, cosa curiosa, pero real) cuando habla español, Destroyer parlotea alemán. Como Paco Martínez Soria,vale, pero normal, por otro lado, si tenemos en cuenta que se ha tirado su corta vida casi íntegramente colgado de la Ausländerin. Pero hablarlo lo habla.

En España, lugar soleado y deliciosamente ruidoso en el que hemos aterrizado este fin de semana, la preocupación contraria – es decir, si los niños hablan español – se disuelve instantáneamente en cuanto a la pregunta formulada el Mayor contesta “¿y tú hablas alemán?” y Destroyer pide galletas.

En 2 días, además, Destroyer ha ampliado su vocabulario de manera vertiginosa: seitunas (aceitunas), orones (boquerones), pis-si (piscina) y alor (calor) son una pequeña muestra de las armas de salivación masiva que el rubio tiene a su disposición.

Y una, que es blanda e inocente, se relajó y pensó que durante unas semanas iba a tener tregua con la persecución lingüística, que aquí aprenden solos y no hace falta corregir seres y estares, rompidos o spaidermens varios…

Y ahí estaba una ayer, untando de crema al Gormiti en la pis-si, hinchada cual pavo según iba enumerando cabesa, pies, mano, ti-pa, culo… y jonsillos.

¿jonsillos? Me preguntó la madredeallado.

Emmmmm… pues… emmm… (saliendo del paso)… es que eso es alemán.

Y tuvo que venir Don Perfecto el Mayor, consciente y sufriente del españolismo de su madre, a no dejarla en mal lugar: “Que no, mamá, que eso no es alemán. Destroyer está diciendo cohoncillos (Jerez de la Frontera, lo dije).”

lunes, 11 de julio de 2011

Dime de qué presumes...

Y te diré… de lo que dicen que careces.

Hace un par de semanas que se marchó nuestra Au-Pair. Después de 9 meses con nostros, un B1 de alemán aprobado y, tal y como estaba acordado, se fue a seguir con su vida, su pareja y a buscar un trabajo “de verdad” aquí en Alemania.

Cualquiera que se haya venido a las Teutonías en plan aventurero (a.k.a. sin trabajo y a ver qué se cuece) sabrá que, además de un nivel de alemán más que aceptable, uno de los raseros por los que se mide al candidato es su experiencia laboral en Alemania (porque en el resto del mundo no se trabaja, claro, sólo se consulta el Caralibro y Blogs diversos en horario laboral).

Justificar experiencia laboral aquí no es difícil: por ley, tu jefe está obligado a darte un Arbeitszeugnis (certificado de trabajo) detallando, entre otras cosas, el tiempo que has trabajado, las tareas que has desarrollado y, lo más importante, una valoración de lo anterior.

De buena gana y aplicada, desempolvando mi alemán más pedante y floriturado, redacté un Arbeitszeugnis estupendo y maravilloso. Tan hinchada cual pavo estaba yo por mi hazaña, que estuve tentada de mandarlo enseguida; pero la suerte quiso que, en mi despiste innato y las demandas de mis monstruitos, el Zeugnis dichoso descansase unos días más encima de mi mesa, a la vista del cotillen de mi marido.

El egocabreo que me cogí el domingo, cuando le encontré haciendo la croqueta en el sofá leyendo mi obra, se convirtió en perplejidad según iba interpretando la rimbombancia de mis frases:

-“Zur vollen Zufriedenheit” Literal: a plena satisfacción. En un Arbeitszeugnis: aprobao raspaíto.

-„Hat alle Arbeiten ordnungsgemäß erledigt“ Literal: Ha realizado todas sus tareas debidamente. En un Arbeitszeugnis: poca iniciativa.

-„Vestand es Aufgaben zu delegieren“ Literal: sabe delegar. En un Arbeitszeugnis: Vago.

-„Zeigte sich Anforderungen und Belastungen gewachsen“ Literal: Trabaja bien bajo presión y en situaciones exigentes. En un Arbeitszeugnis: pierde facilmente los nervios bajo estrés.

-„Ihre gesellige und freundliche Art war sehr geschätzt“ Literal: su sociabilidad y simpatía es muy valorada. En un Arbeitszeugnis: bebe como una cuba.

No se me asusten, por favor, que no es que después de 3 años de Marujen mi alemán se haya ido al carajo. Es que resulta que también, por ley, la valoración del jefe en un certificado no puede perjudicar tu futuro laboral.

Y como es sabiduría popular e internacional que hecha la ley, hecha la trampa, por estos lares existe un Zeugniscode (código de certificado), con el que poder informar a un jefe potencial que Fulaniten se pasa el día de charleta, se quiere tirar a todas las secretarias y no da palo al agua. Legalmente. Con una sonrisa y un buen apretón al inocente Fulaniten que, o bien piensa que su jefe le adora y le ha echado con großem Bedauern (mucha pena), o es un cabrón al que no puede ni denunciar ni reclamar porque, literalmente, el Arbeitszeugnis sólo loa bondades.

Ahora tengo menos de una semana para escribir un Zeugnis en condiciones que, no está quedando tan bonito, pero por lo menos no significa que hemos tenido una alcohólica histérica y vaga 9 meses en casa.

lunes, 4 de julio de 2011

Suicidio homeopático

A veces me pregunto si esa habilidad de los niños para ser extremadamente silenciosos cuando hacen gamberradas es innata. Otras, si será el agotamiento físico y psicológico el que hace que retrasemos echar un ojo cuando el silencio en casa es poco menos que sospechoso.

De cualquier forma, mis monstruitos parecen haber aprendido qué hora es buena para hacer de las suyas. Y nosotros, los padres, parece que no aprendemos ni de las sesiones de pelicuría mañanera ni de las torres Lego a las 4 de la madrugada.

El sábado por la mañana, un cling cling preocupante nos levantó de la cama: Destroyer estaba en el baño haciendo de las suyas y, por la cantidad de cosas desperdigadas por el suelo, llevaba ya un buen rato.

Todavía con la legaña, no caí enseguida que ese cling cling lo producía, nada más y nada menos, que el monstuito haciendo música con varios botes de glóbuli… vacíos.

A mi marido casi le da un ataque: Los 3 botes de bolitas troleopáticas estaban llenos cuando los dejó ahí por la noche (jura que en lo más alto de la más alta estantería) ergo el niño se ha tomado una sobredosis – de Euphrasia, Nux Vomica y Apis mellifica (sí sí, suenan fatal) –, y debe de estar a punto de colapsar.

Digo a punto, porque Destroyer estaba fresco cual lechuga y, asombrado por la falta de bronca, se puso a reclamar “más chuches.”

Estalló el pánico: Mi marido llamó a su madre, que rauda y veloz se plantó en casa al borde de la histeria y suplicándonos que llevásemos al niño al hospital. Maromen ya estaba dispuesto a llamar a una ambulancia (tan nervioso estaba el pobre), cuando por fin conseguí localizar a la tía hierbas que prometió pasarse enseguida.

No se me malinterprete, ojo, que yo las dotes curativas de la tía homeópata no me las creo; pero sabía cuál sería su reacción. Llegó tranquila, miró al niño, miró los botes, volvió a mirar al niño, volvió a mirar los botes y dijo que no hacía falta ir al hospital. Que observásemos al niño durante el día, pero que los glóbuli en principio no tienen efectos secundarios de ningún tipo (ni primarios, estuve a punto de decir).

Destroyer pasó un día normal y a día de hoy sigue sin dar muestras de intoxicación o nihilismo trascendental. Mi marido ahora le mira preocupado e intenta saber qué hemos hecho mal (golpes de pecho) para tener un niño suicida. Lo que no sabe es que chuches (en español) no significa pastillas (en alemán) y que el niño no será un artista atormentado, sino un activista porculero que, probablemente, organizará otro suicidio homeopático (colectivo, eso sí) dentro de unos años.