lunes, 27 de junio de 2011

A demanda

Por mucho que se hable ante todo del amor desbordante, la chochez postparto, las obsevaciones al lactante eternas y babeantes, el olor del susodicho (al que aspiramos cuál yonqui su último bote de pegamento), el instinto maternal y las socorridísimas pezoneras, lo que realmente domina a las primerizas es el miedo.

¿Será este sarpullido el ébola? ¿Le saldrá una úlcera por comerse una hormiga?

La consecuencia directa de todo esto es una tormentosa relación con el pediatra, al que por un lado exigimos pautas matemáticas para sus defecaciones (las del niño, se entiende) y al que, por el otro, acudimos horrorizados y cabreadísimos cuando no se cumplen (por mucho énfasis que haya puesto en lo meramente orientativo de las mismas).

Por suerte o por desgracia, según pasan los partos ese apiesjuntillismo histérico muta vertiginosamente en un pasotismo escandalizador (para las abuelas, por lo menos): ¿Qué se ha tragado 3 mariquitas? No passssa nada, ¡si seguro que son sanísimas! ¿Que está chupando los zapatos de su hermano? Eso a la larga son defensas…

Es lo que tiene ser el tercero: Tiene que llorar más alto para que le escuchen, ajustar sus horarios a la clase de gimnasia del mayor, heredar ropa y juguetes en dudoso estado, no le peinan el rizo todos los días (y eso que sólo tiene uno), no ha pisado urgencias en su vida y la tierra del chupete se la sopla él mismo con su mecanismo.

Pero como no todo pueden ser desaires en esta vida, resulta que sus hermanos le han abierto camino, mermando la resistencia de su madre (o sea, yo misma) y haciéndola propensa a la resignación instantánea.

No le gustan los purés. Ni las papillas. Ni los potitos. Ni las galletas sin gluten. Nada de pijotadas para bebés.

Él quiere lasaña, bistec, sopa juliana, albóndigas con arroz y bizcocho.

Y, gracias a su alejada posición en la línea sucesoria (y que su madre leyó nosabedónde noséqué de la alimentación complementaria a demanda), le han bastando 4 días de escupitajos verduleros (a la cara de su santa madre, of course) y cerrada en banda de boca, 3 lanzadas en plancha al plato de sus hermanos, 4 intentos telepáticos de atraer ese tenedor a su boca y varias demostraciones de masticación avanzada con 2 dientes.

Como leen. La madre del Monstruo del Rizo ha desistido y le ha acabado haciendo un hueco en la mesa de los mayores. Lo más lejos posible de Destroyer, eso sí.

domingo, 19 de junio de 2011

Ein Kind ist kein Kind

Cuando en Alemania me decían aquello de ein Kind ist kein Kind (useasé, un niño es ningún niño) me daban ganas de abofetear ad eternum al listillo de turno.

Desde este fin de semana, cosas de la vida, me declaro listilla de turno y, además, me atrevo a añadir que si el ein Kind en cuestión es el tercero, ese ein Kind es igual a Null.

Mi señor marido me suplicó (arrastre rodillero tipical sevillanish in semana santa incluido) que no le dejase a los tres y una que es blanda dijo que bueeeeeno y se llevó al Monstruo del Rizo (singular, sí) – antiguamente conocido como Pestañas – a las Hispanias.

Hipócrita a rabiar que es uno, ha sido un dechado de sonrisas bidentales constantes, caiditas de ojos esporádicas y estudiadas y me-entretengo-con-cualquier-cosilla-ni-te-molestes-mujer durante 4 días.

He podido tostarme al sol en la piscina… ¡leyendo un libro! He podido pasarme toda la mañana en la peluquería, hacerme una limpieza de cutis, salir a comer, comprarme un vestido en la enésima tienda en la que entraba(y no la primera y última, como viene a ser costumbre desde que me dio por reproducirme), ponerme tacones, pintarme la raya, irme a una boda toooodo el día, caer rendida y alcoholizada (con 3 copas, vale, pero una que ha perdido la costumbre) en una cama de hotel (sola, no se me asusten, pero es que la boda era fuera de Madrizzz), dormir del tirón, remolonear hasta MI desayuno…

Eso sin contar el tamaño reducido de la maleta, por el tiempo veraniego que me esperaba y el reducido tamaño del niño que me acompañaba, el viaje en avión y los correteos aeropuertiles con un solo bebé (y todos sabemos el poder generador de salivas ajenas que tienen medio metro de lorcillas y las facilidades y ayudas que eso implica), la felicidad absoluta del Monstruo en cuestión, por ser hijo/nieto/sobrino/hijodeamiga único como excepción... usw.

Mañana a mediodía, eso sí, se acabó el chollo. El mío y el del de las lorzas.

Volvemos al mierdapueblo: Lluvia, caos, mamitis y mujeritis agudas, persecuciones a Destroyer, mamimamimamimamimamimamimamimamiiiiii del Mayor, mantequilla y desfiles nocturnos variados.

Y yo, que o soy tontalculen o tengo un síndrome de Estocolmo de manual, (no tan) en el fondo lo estoy deseando.

miércoles, 8 de junio de 2011

Raben Power

Detrás de toda Rabenmutter, o existe un Rabenvater o no hay nadie.

En estos tiempos en los que el número de madres solteras o divorciadas sube como la espuma y, teniendo en cuenta que ahora en Alemania, un marido que fuese contribuyente único (ejem… ¿la mayoría?) ya no está obligado a entregar la mitad de sus ingresos a su ex mujer – sino sólo un tercio –, alguna Rabenmutter debe de haber graznado muy alto, porque desde la central del Bundesland al que pertenece el mierdapueblo, nos conceden permiso para implantar Ganztagsbetreuung aquí, en el culo del mundo.

Con todo el derecho: Está muy bien eso de que no se exprima al señorito, pero si resulta que ahora tu exmarido tiene más pasta para mimar a su exsecretaria y tú te tienes que buscar la vida… ¿qué pasa si no hay guarderías? ¿o si sólo hay 4 horas al día? Pasar de ser una Übermutter como Gott manda a engrosar las colas del Harz-IV a algunas no les va. Y con razón.

Ahora theoretisch tenemos derecho a exigir. Praktisch, lo que tenemos que hacer es conseguir un mínimo de 5 niños y convencer a la Gemeinde de que lo necesitamos. Esta tarde.

En vista de que la cosa pinta complicada y el Elternbeirat tiene que presentarse cargado de argumentos, ayer se celebró otro aquelarre rabenmuttero (con aparición estelar de un par de Rabenvaters) al calor de varios gintonics.

Enumerando razones de peso (aparte del que tengamos derecho a poder trabajar, tanto como a tener hijos, para mí más que suficiente), uno de los plas uan resultó ser más creativo de lo que nos imaginábamos. Tanto, que se le instó a acudir a la reunión y deleitarnos con unos puntos sobre íes.

¿yoooooo? ¿y yo qué pinto ahí? Esto es problema vuestro…

Click.

Cambio de estrategia: estarán él, mi maromen y otros dos.

En un plis plas – y porque se tenía que haber enfocado así desde el principio – se acaba de convertir (también) en SU problema.

A ver qué cara ponen en la Gemeinde cuando sean hombres los que reclamen guarderías para poder trabajar. Y en su empresa, cuando se queden en casa porque el niño está enfermo o se cojan una excedencia para estar con la familia. O en el mierdapueblo, cuando les pregunten por la mañana en la panadería si están enfermos y contesten que de baja están, pero que la paternidad no se considera enfermedad. Y ellos mismos, cuando tengan que organizar la compra y las comidas (sanas, of course) de toda la semana.

O empezamos a ser igual de (poco) rentables todos, o aquí vamos a seguir teniendo problemas sólo las madres (reales o en potencia, que para algunos es lo mismo).