martes, 31 de mayo de 2011

El ataque de los pepinos asesinos

Que los españoles somos unos guarros, que los esclavos (sic.) que trabajan en Almería lo hacen en condiciones infrahumanas, sin posibilidad de lavarse siquiera las manos para trabajar, que las vacas en Almería (en serio… ¿vacas en Almería?) se ponen enfermas (por las condiciones infravacunas en las que viven, natürlich), que en España se riegan los cultivos con mierda…etc.etc.

Estas son algunas de las perlas que hay que oír en las Teutonias cuando el pepino sale a colación. Y aunque es verdad que los medios (más) serios han dejado de hablar de Spanische Gurken y ahora hablan de Gurken, Tomaten y Salat a secas, el daño ya está hecho y los pepinos españoles se quedan en su casa.

Que en España sólo se haya dado un caso (y mire usted qué casualidad que el buen hombre acababa de volver de Alemania), que en Almería – cuna de los supuestos pepinos tóxicos – no haya vacas (y que yo sepa el abono de alacrán no está a la orden del día), que Spanien, después del tema de la Colza, tenga uno de los sistemas de control sanitario más fuertes de Europa… no vale.

Alemania está pagando compartir economía con países subdesarrollados. No tenían suficiente con tener que rescatar a media Europa, “acoger” a medio millón de parados españoles, trabajar más que cualquier otro país y jubilarse más tarde (JA JA JA), para que encima vengan ahora estos desagradecidos a envenenarnos.

Que hace poco hubiese otro escándalo alimenticio por estos lares, otro más higiénico en hospitales, que no exista la Amukina, la lejía no forme parte de ningún Haushalt que se precie, que la fruta y la verdura estén a granel en el 99% de los supermercados, se pueda sobar, mirar, volver a dejar, que las fresas con pelaje azul (o sea, moho) estén a 10 euros el kilo (porque ese moho sigue siendo bio), que un camionero teutón reconociese que se la cayó el cargamento de pepinos (información que desapareció misteriosamente de este artículo en unas horas)… y suma y sigue, no vale.

Esto sin contar las pequeñas obras de cada día: la (no) higiene en los niños (y adultos), el ultraeficaz y antibacteriano método de limpiar y lavar los utensilios de cocina, la contribución ciudadana al ahorro en los hospitales, los súperpoderes de la comida bio (¿para qué lavarlo si es de cultivo ecológico?)…etc.etc.

Pero eso sí, en España somos unos guarros.

Mi marido y mis suegros se niegan a comer ensalada, me han llenado la casa de potitos de fruta para el Pestañas, quieren reducir las meriendas de los mayores a Brezel con mantequilla… ¿por la bacteria? Nein, por la lejía.

El resto de los habitantes mierdapuebliles (biocuñada en el norte de Alemania incluida) siguen comiendo frutas y hortalizas. ¿Y qué medidas extraordinarias han tomado para no intoxicarse?

Agüita y jabón. Aquí, súperextraordinario.

jueves, 26 de mayo de 2011

Solo en casa

El día que mi hijo mayor estuvo jugando a la pelicuría, casi me da un jamacuco. Cuando llegó su padre y vio el percal, en vez de un yuyu, el asunto le dio que pensar.

¿Serrrá porrr falta de atensssión?… ¿ssselos de sus hermanen?...

Personalmente lo vi de lo más normal. Por ahí andan fotos de una servidora en su más tierna infancia y con su flequillo autodescojonado para estar guapa en la boda de su tía. Y adoro a mi hermanita. Además, si hubiesen sido celos de verdad, en vez de cortarle una cresta (muy lograda, por cierto), Destroyer ahora echaría en falta alguna parte de su anatomía, digo yo.

Pero dejando de lado a los churumbeles (mmmm… ¿seguro?) y centrándonos en la vida marital, resulta que una tiene que prestar la misma atención y tener el mismo cuidado que con un niño de 4 años.

El martes por la noche, por fin (¡por fin!) conseguí sentar a mi grupito de Rabenmütter al calor de un gin tonic. Han abierto un bar en mierdapueblo, con terraza incluída y hasta horas “intempestivas” (o sea, la de Cenicienta). Así que harta ya de las conversaciones sobre niños, con niños, interrumpidas por niños y para niños cada vez que quedamos para tomar un Kaffee, me puse a dar la koñen hasta sacarlas de copas.

La falta de costumbre hizo que las lenguas de trapo y la risa incontrolada apareciesen al segundo gintonic, la despedida durase 45 min. a voz en grito y con ironías varias hacia las Übermütter (que espero estuviesen plácidamente dormidas y llevasen tapones) y nos volviésemos a casa empujando las bicis.

Fue llegar y caer rendida, maromen roncadorrrr al lado que ni se inmuta, abracito nocturno alcoholizado, notar algo raro pero pasar y quedarme grogui sin investigar más.

A la mañana siguiente el jamacuco me quitó la resaca. Resulta que me voy (por primera vez en años) 4 horas sola y mi marido se pone a jugar al teniente O’Neill.

“Un rrrrollo aquí solo” me dice el jodío ¿¡Y No podías haberte tragado un par de pelis de tiros y bombas de esas que te gustan!?

Supongo que ahora tendría que pararme a pensar, por si el pobre sufre falta de atención o algo por el estilo, pero no voy a hacerlo.

Dentro de 2 semanas me voy a los Madriles SOLA (oeoeoeoeoeoeoeoeoeoe) a la boda de una amiga, que ha tenido la genial idea de casarse el mismo día que el primo del maromen (y a la que estaré eternamente agradecida por ello) y me niego a autochantajearme emocionalmente con las barbaridades que pueden hacer los 4 días que falte.

Al fin y al cabo, el pelo crece.

martes, 17 de mayo de 2011

Hasta el fondo

Aquí una servidora es idiota integral y ha metido la pata hasta el fondo.

Mucho respeto, nada de tele, muchos pájaros y muchas flores y mucho alejar a los niños de la violencia, la muerte, la sangre, los ninjas y Maléfica tenía que reventar por algún lado.

Idiota integral perdida, vamos.

Porque para más inri, una de las dos licenciaturas de una servidora es precisamente en ESO (y la otra, para más coj**** debería de haber servido para saber explicárselo mejor a los no iniciados). Pero claro, dicen que en casa del herrero (idiota integral), cuchara de palo ¿no? y cuando el niño venía de la guardería haciendo preguntas, después de un par de intentos fallidos (en los que acabábamos con un cacao mental los dos, yo de intentar explicarlo todo, él de hacer esas preguntas clave y desarmantes que hace cualquier niño con chispa y sensibilidad) le acababa remitiendo, de nuevo y confiada, a los métodos pedagógicos para minipersonitas impertinentes de su educadora.

Y vino la Pascua y con ella el siguiente nivel. Y el niño que llega lívido a casa preguntando ¿quién? ¿cómo? ¿por qué han clavado a Jesús en la cruz? ¿con clavos de verdad? ¿cómo de largos? ¿eso hace mucha pupa, no, mamá?

Y su padre, que justo decide llevarles de paseo a un sitio nuevo y en el camino hay un crucifijo, con pelos y señales (Bayern profunda) y el niño se acerca y lo ve y se pone más lívido todavía y llega a casa preguntando más cojoneramente aún ¿qué había hecho? ¿Jesús era malo? ¿aunque me porte bien y sea bueno los malos me pueden hacer eso?...etc.

&%/(%$%$/&%/&%$/%$ cagüentó, coño ¿No se pueden limitar al "Jesusito de mi vida" hasta los 18?

Y una servidora intentó arreglarlo… Y le dijo al niño que no se preocupase, que sí que le había dolido, claro, y que se había muerto, pero que a los 3 días había resucitado y se había ido con su papá y su mamá había ido después y sí, sí, como te han dicho en la guardería, está arriba en el cielo comiendo perdices y lo ve todo, tú tranquilo que ya no tiene más pupa.

Ojiplático y silencioso se fue a la cama. Y yo, hinchada como un pavo por haber sido capaz una vez de sintetizar, simplificar y explicar 5 años de carrera en 2 minutos, me dormí con una sonrisilla triunfal.

Que se me borró a las tres de la mañana, cuando un aullido aterrorizado despertó hasta a la arañas. ¡Socorrooooooooooooooo! ¡Que viene Jesús!

Y así día tras día, noche tras noche, el niño mira y remira por todas las esquinas, debajo de la cama y se niega a bajar al trastero por miedo a encontrarse al de la cruz. Y una servidora se dedicaba a repetir la misma cantinela, poniendo énfasis en la resurrección y la curación de las pupas, a ver si así el terror por lo menos disminuía.

Hasta que se ha hecho el click y mi cerebro ha vuelto a funcionar (de algo tenía que servir la segunda carrera, digo yo) y los misterios de la cruz se han desvelado… Aquí una sevidora (intentando todo lo contrario) le acaba de proporcionar a su hijo su primer zombie.

Idiota integral perdida que se ha vuelto una.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Apuntando maneras

Llevamos una semana felizmente secuestrados en Madrid.

Después del horror que pasamos por Navidad, en esta visita corremos el riesgo de “perder” el avión de vuelta.

Entre el buen tiempo, que vinimos a una boda (y tal eran mis pintas de fregonen al llegar que mi madre me llevó de las orejas a la peluquería y… vuelvo a parecer una mujer), que los niños son un poco más manejables (y la manicura va a cumplir una semana intacta), que será el primer verano después de 2 años que no estoy embarazada (y me he puesto morada a comprar esa ropa que miraba con melancolía hasta hace relativamente poco) y que no he fregado un vaso o pelado una Kartoffel desde el pasado miércoles, de aquí no me sacan ni con espátula.

Incluso los niños parecen agradecer una vida social ajetreada y totalmente independiente de las amistades de su madre. En el parque.

Adoro el parque.

Gracias al parque (del que carezco en mierdapueblo) he podido, además de leer el periódico al solecito, observar a mis hijos en sociedad. Y la cosa pinta mala.

1. Pestañas es un cínico. Todo sonrisas y caiditas de ojos fuera de casa (dentro de ella no llora, grita).

2. Destroyer es una lapa del Mayor.

3. El Mayor es un cielo (columpia a Destroyer, le sacude el pantalón al salir del arenero (lo juro), comparte su merienda).

4. A Destroyer le gustan las hormigas y revolver en la basura (y yo que creí que este sería médico).

5. El Mayor se queda atontado (boca abierta incluída) mirando a las niñas mayores en uniforme cuando saltan a la comba. Incluso se sienta en el banco para ver mejor (carnaza de lagartas varias… a las que seguro escribirá poesías).

6. Destroyer se acerca a la comba. Las niñas paran la comba y le dicen dulce y protectoramente al “bebé” que se tiene que apartar, que le van a hacer daño (y yo pienso que son unas pringadas y que no saben la que les ha caído encima).

7. El Mayor se levanta del banco y se va a jugar con una rubia, a la que convence para cavar hoyos en el arenero y llenarlos de agua (“!!!mamiiiiii, vamos a hacer una guarrada!!!!!” y yo digo que este niño no es mío).

8. El mediano sigue en medio de la comba. Las niñas ya están en semicírculo e intentan descifrar lo que balbucea. Le veo cogerse un mechón y gritar ¡pelo! Las niñas se derriten y le preguntan cómo se llama. Destroyer se acerca a una (la de la falda más corta), le coge el culo, grita lo correspondiente y les enseña los dientes. Jijijiji ¡qué mooonoooo! jijijiji (pringadas, ya lo sabía yo).

9. El Mayor ya se ha quitado los zapatos y viene a preguntarme si se puede quitar la camiseta. Aquí en España, NO.

10. Destroyer aparece por el arenero y se sienta al lado de la rubia. Menos de un minuto después le está pasando el brazo por la espalda y le intenta dar un beso. El Mayor (de bueno que es, tonto perdido) le dice a la rubia, ilusionado, “¡mira! ¡es mi hermanito y te quiere dar un besito!” La rubia se deja, claro.

Y me decían que los niños eran más fáciles en la adolescencia. Ja, ja, ja. Como si lo viese: el Mayor prendado de la guapa (y tontalculo) de la clase, escribiendo poemas y escuchando al futuro Alex Ubago (¡por Diosss!), mientras Destroyer pasa directamente al acoso y derribo (de la misma guapa tontalculo). Dramón familiar semanal. Y al Pestañas pidiendo aumento de paga, seguro.

martes, 3 de mayo de 2011

Bocazas



Que la falta de sueño es perjudicial para su salud y la de los que le rodean es de sobra conocido (y sufrido) por millones de padres en el mundo mundial.
Que además es un método de tortura y presión psicológica altamente eficaz lo sabían los de la Stasi, lo saben los de Guantánamo, la Providencia y esperemos que nuestros adorables angelitos no lo descubran hasta que nos hagan abuelos. Porque como mi hijo me pida algo a las 4 de la mañana, lo que sea, como por ejemplo un huevo Kinder o mis pinturas o una hermanita, soy capaz de dárselo o prometérselo con tal de poder volver a cerrar los ojos lo antes posible.
Con mi primer hijo tardé más de dos años en superar (¿y suavizar?) las noches interrumpidas y estar dispuesta a repetirlas. Iba mentalizada, conste, pero la Naturaleza me regaló un bebé que fue la envidia de todo aquel con el que me cruzaba. Sí, el ahora llamado Destroyer fue un bebé-valium de libro: desde sus 6 semanas de vida, duerme mínimo 11 horas seguidas. Sin interrupción. Y 2 horas de siesta diarias. Y no lloraba (casi), sólo sonreía y se achuchaba y sonreía otra vez. De baba.
No es de extrañar que, en vez de depresión, lo que yo tuve fuese la (no tan mencionada) euforia postparto y a los pocos meses (5 exactamente) volviese a la carga. Así puedo hasta con 10, me decía.
Pero algo así no se repite tan fácilmente. El último añadido al libro de familia tiene el sueño ligerito. Demasiado.
Después de agobiarme (¿le pasará algo malo? ¿por qué %$&@%&$ no duerme toda la noche?), cabrearme (mierda de euforia y mierda de hormonas manipuladoras) y desesperarme (¿cuándo pueden tomar chocolate? ¿si le doy mi rímel me dejará dormir?) he terminado por asumir la dura realidad: ajo(derse) y agua(ntarse) y a invertir en quitaojeras.
O eso pensaba yo.
Hace 5 noches me acosté tarde y, como buena autómata nocturna conversa, sabiendo que en menos de una hora tendría que saltar de mi mullida cama, decidí no acomodarme demasiado y esperar.
Lo siguiente que recuerdo es abrir los ojos, volver a cerrarlos, oir pajarillos matutinos, procesar que ya era de día y saltar y arrancar de su cuna cual posesa al Pestañas. Como si le hubiese despertado Freddie Krueger (o tendré que mirarme al espejo recién levantada... quién sabe), la cara de susto y el berrido acompañante no cesaron hasta varios minutos después.
Idiota de mí, no se me ocurrió otra cosa que consolarle a base de besitos, losientos y no-me-vuelvas-a-dar-un-susto-así-en-tu-vida, porque se lo ha tomado literal y, por lo que parece, hasta que no sea capaz de avisarme antes, no vuelve a dormir toda la noche.
Volvemos a la fase cabreo (esta vez conmigo misma) y esperando pasar directa a la sumisa.