sábado, 26 de febrero de 2011

Simulacros

El trabajo de mi marido incluye muchos viajes.

Al principio me sentaba bastante mal. No por el viaje en sí, sino porque tiene delito que en 4 años que pasamos en Berlín (con toda su vidilla, posibilidades y humanos por la calle) no viajase nada y, ahora que estamos en el mierdapueblo (con todas sus…mmm… ¿persianas bajadas a las 4 de la tarde?), se recorre medio mundo todos los años (sin mí).

El otoño pasado, con el Tsunami vaticinado para principios-mediados-finales de noviembre (ya se sabe que esas cosas nunca se saben, ahora estás así, pero igual dentro de una hora has parido), no hubo viajes estelares.

Pero ahora, con el recién horneadito a punto de cumplir 4 meses, tiene (o eso me dice, aunque me consta que se ha apuntado voluntariamente a todo lo que había disponible) que volver a hacer las maletas.

Vamos, que durante los próximos 3 meses mi Kindermacher va a estar disponible semana sí, semana no.

Con un bebé bipolar que no ha cumplido los 4 meses, otro que tampoco llega a los 18 (meses, se entiende), pero sí a todos los rincones potencialmente peligrosos de la casa y un niño de 4 años y medio que ha descubierto (y se está aprovechando de) que mamá no es tan rápida con 2 niños en brazos, no se puede dejar nada al azar. Nada.

No falta nada que comprar. Los desayunos/comidas/meriendas/cenas de los próximos meses están planeados al gramillo. Hay leña suficiente. Y cerillas. EL coche tiene el depósito lleno. La lavadora funciona perfectamente. Y un largo etcétera que llevo organizando con precisión germana desde hace un par de semanas.

Hace un par de semanas, además de todo esto, empecé también con los simulacros a la hora zafarrancho. Supongo que la más problemática y caótica del día en cualquier familia (y en las numerosas no lo supongo: lo sé). Me refiero, claro está, al momento baños-cenas-idas-a-la-cama.

Las demás horas del día (y de la noche) son el pan de cada día, así que las tengo más o menos controladas. Ja, ja, ja (risa de loca).

Lo bueno de los simulacros es que son eso, simulacros.

Siempre tienes la posibilidad de rugir un Cariñeeeeeeeen para que alguien venga a sacarte a un niño (de dentro) del váter y dejarte campo libre para arrebatarle a otro tu crema de La Prairie (preciado regalo de tu mamá) mientras sujetas a un tercero que, justo en ese momento, ha decidido que aprende a darse la vuelta encima del cambiador.

Siempre podrás mirar a otro adulto significativamente (o con ojos maléficos, que para el caso es lo mismo) para que venga a salvar la tortilla y a parar el concurso de eructos (porque si el bebé puede…), mientras tú te vas al sofá a sacar el provechito (del que depende gran parte de tu noche y de tu salud mental).

Siempre podrás susurrar en el babyphone pidiendo ayuda a tu marido para que acompañe al mayor a hacer caca ahora mismo (siempre tan tan oportuna ella) y le devuelva al pequeño, por quinta vez, todos los peluches que ha lanzado desde su cuna (incitado por el de la caca, por supuesto) y que necesita ahora mismo (cómo no), mientras tú ganas esos 45 segundos exactos que te faltan para que el pequeño cierre los ojos y los mantenga así las próximas 4 horas.

Siempre puedes pegarle una patada (entre aviso y vengadora) a tu compañero de cama para que vaya a comprobar si los mugidos del cuarto de al lado son una pesadilla o un sueño bucólico, y así poder terminar de alimentar al bipolar “tranquilamente” a las 4 de la mañana.

Después de 15 días, parece que he encontrado una combinación más o menos factible para que esté contento todo el mundo. Yo lo que estoy es agotada.

Y esto sólo ha sido el principio. Esta noche es la primera de 7 que me quedan para echar de menos a mi teutón. U odiarle. Porque esta noche no es un simulacro.

martes, 22 de febrero de 2011

Consejos vendo que para mí no tengo

Las visitas de mi biocuñada serían capaces de generar un post cada 20 min. o ninguno en varios días, porque es que esta mujer me supera.

A veces es demasiado. No sé por dónde empezar, ni si reír o llorar, si han sido imaginaciones mías, me está tomando el pelo o soy yo la rarita.

Cuando me cuenta que para las flemas que su hijo pequeño (8 meses) le ha contagiado a los míos tiene un remedio estupendo y yo ya me preparo para darle la razón con el ambientador cebollil nocturno, me endiña unos glóbulis de planta carnívora y yo ya no pude controlar mis cejas. Y de verdad que me sentí tentada de volver a preguntar, no fuese a ser que la sordera selectiva que viene de regalo con la maternidad me haya hecho dejar de entender alemán. Pero no, lo había entendido bien: Planta carnívora. Supongo que para borrar la estupefacción de mi cara, se esforzó más de la cuenta (para su cerebro) en explicar el funcionamiento de los glóbulis en cuestión: ya que las plantas carnívoras pueden con todo, incluso con la carne, podrán con las flemas.

Como a estas alturas yo ya no me voy a poner a discutir con ella (en serio) sobre la validez de su pseudociencia y que, por el bien de la armonía familiar, he decidido controlar mis ataques de risa (no se vaya a ofender), tengo que rechazar sus iluminaciones de la forma más diplomática posible.

¿glóbulis de planta carnívora? No, gracias, que tengo miedo de que además de las flemas, me disuelva al niño. ¿o no decías que podía incluso con la carne?

¿Que tu hijo tiene otitis desde hace una semana, fiebre alta desde hace 3 días y no le das el antibiótico porque el niño ha preferido glóbulis de noséqué y es que los niños tienen un instinto especial para saber lo que necesitan para curarse? ¡Claro que sí, mujer, sabiduría ancestral! Lo que no entiendo es por qué le apartas del enchufe al pobre, que el niño sabrá mejor que tú si necesita electroshocks.

¿Que tu hijo no come nada de color verde para desarrollar en él rechazo al veneno? ¡Pues anda que no vas a tener trabajo tú tiñendo el matarratas! ¡y el brócoli!

¿Que tus hijos no están vacunados porque con la LM no hace falta de eso? Claro… ¿Y cómo explicas el sarampión de la niña y la tosferina del niño?

Tengo las espinillas llenas de cardenales, de las pataditas que me ha estado dando mi marido debajo de la mesa estos días. Pero es que no lo puedo evitar. Y si yo tengo que rechinar los dientes muchas veces a causa de ese hervor que le falta, no me quiero imaginar a sus suegros, los dos médicos.

martes, 8 de febrero de 2011

De raseros...

Resulta que ahora Merkel quiere acabar con el paro juvenil español. El de los ingenieros, arquitécticos, médicos y demás profesionales de ese tipo. Porque son jóvenes cualificados y válidos, porque ella lo vale, porque Alemania es el motor de Europa.

Vale.

Que España va cuesta abajo y sin frenos no lo niega nadie. Sobre todo la Merkel, que de tonta no tiene un pelo.

Reclamaban por ahí una de alemanadas y, aún siendo verdad que aquí las condiciones laborales son mejores, los salarios más altos, las carreteras estupendas, los coches más baratos, el colegio gratuito y los yogures están buenísimos (entre otras cosas), me temo que voy a seguir siendo la nota discordante. Para leer alemanadas a demanda están el Lonely Planet, Españoles por el Mundo y la prensa española.

Porque para valorar algunas cosas hace falta cambiar de rasero.

Me explico:

Para vender la moto de que aquí se gana el doble, se omite el hecho de que se pagan muchos más impuestos. Muchos más. Del sueldo, de I.V.A. y de seguro médico. Y vale que los medicamentos de los niños los cubre la Krankenkasse hasta los 18 años, pero tener que pagar 40 euros por una ecografía, 35 de la prueba de la toxoplasmosis, 20 del test del azúcar, más el copago sanitario, más suma y sigue y, además, el pastón mensual del seguro, tiene tela. La sanidad española estará ahí ahí (o no), pero, en comparación con la alemana, es “prácticamente” gratuita (porque no te la descuentan del sueldo, sino que se financia a través de los impuestos de las cosas que compras, que aquí también tenemos y además son más altos). Con los altísimos impuestos alemanes se financia su famoso Estado del Bienestar: El Elterngeld (vale) y los Hartz-IV (no me vale).

Siguiendo en esta línea, también se omite el hecho de que “ganar el doble” es igual de posible que ganar la mitad. O un tercio. O menos. Porque aquí en Alemania no existe el salario mínimo y sí la precariedad laboral. En las cifras del no-paro tan estupendas que manejan los teutones están incluidos los 1-Euro-Job y los 400-Euro-Basis. Y las amas de casa…

Sí, las amas de casa. Otro mito: el de la baja maternal en Alemania. No me cansaré de repetirlo: la baja es igual que en España. O peor, porque aquí te obligan a cogértela 6 semanas antes de salir de cuentas (lo que significa que te queda menos para después). Que el Elternzeit (una excedencia como la copa de un pino) ponga los dientes largos desde España lo entiendo, de verdad que sí. Porque sería estupendo tenerla igual allí ¿verdad? 12 meses con el 65% del sueldo (lo han vuelto a bajar, por cierto) y la posibilidad de ampliarlo a 3 años (sin dinero) es lo que yo llamaría unas condiciones estupendas. El problema viene cuando, al acabarse esos 12 meses (y el dinero), resulta que sólo hay plazas de guardería (tanto públicas como privadas) para el 17% de todos los niños y tu hijo forma parte de ese 83% que tendrá que quedarse en casa (contigo, claro) hasta cumplir los 3 años. O cuando a los 3 años, por fin, te puedes reincorporar (o empezar a formar parte de las listas del paro) y resulta que sólo puedes trabajar 20 horas a la semana durante los próximos 15 años (porque la guardería Y el colegio son de 8:00 a 12:00 y sin comedor).

¿y los maridos de las amas de casa? Tampoco es para tirar cohetes. Que su jornada termine a las 17:00 (media hora arriba o abajo) suena a Conciliación Familiar (con mayúsculas), pero de nuevo desde España. Allí salir a las 17:00 (aunque entrases a las 7:30) te permitiría recoger a los niños del colegio, pasar la tarde con ellos, ir al médico o hacer compras. Aquí no. Aquí los niños llevan en casa desde las 12:00, es noche cerrada desde las 16:00, muchas tiendas han echado el cierre a las 18:00 y el cuento para dormir se lee a las 19:00.

Podría seguir aclarando el rasero por el que se tendrían medir algunas particularidades de la vida por aquí, por si alguno se quiere hacer el Pepe y venirse pá Alemania, pero hay otro blog que lo ha hecho de forma magistral.

Y no estoy desanimando a nadie, conste, que soy consciente de que, ahora mismo para muchos, un trabajo aquí es mejor que ningún trabajo allí. Pero se me cae el alma a los pies cuando me preguntan por el mierdapueblo si conozco a algún ingeniero español en paro, que necesitan un mozo de almacén. Que no busquen a un ingeniero alemán para el puesto no significa que la formación en España sea de broma y que sólo el teutón esté sobrecualificado para el puesto, no. Significa simplemente que el español está desesperado y ellos lo saben.

Haberse venido a Alemania hace 5 años (o más) no es lo mismo que venirse ahora. Antes necesitaban médicos, ingenieros, arquitectos, economistas… Ahora necesitan Gastarbeiter, sin follones de visados (que ahora todos semos Europeos para lo que nos conviene) y baratitos.

Que venga el que quiera y pueda, ¡cómo no! Pero sin perder la perspectiva: las Gracias no hay que dárselas a Alemania (que ya se cobrará sus impuestos), sino a uno mismo, que la universidad no la ha pagado Merkel y, que el que ni allí ni aquí valoren, no significa que uno no valga.

martes, 1 de febrero de 2011

El otro lado...

Las Übermütter del lugar son, para mí, fuente inagotable de inspiración, asombro y, ahora que la experiencia es un grado (a.k.a. cada día me resbala más lo que me digan), de diversión.

Lo reconozco: En el fondo me encanta que sean como son.

Cuando se habla de choque cultural, muchas veces nos olvidamos que siempre es cosa de 2 y que, esas peculiaridades que nos parecen increíbles, a los teutones les resulta de lo más normal y viceversa.

Habrá algunos que pasen olímpicamente de si mis hijos comen o no naranjas, otros a los que les haga gracia que les peine y ponga colonia y algunos que se lleven las manos a la cabeza porque no lleven gorro orejero a 15º en verano.

Supongo que para algunas Übermütter yo soy (modestia aparte, por supuesto) fuente inagotable de asombro, diversión y, por qué no (que estamos en SU país y desprecio SUS verdades absolutas), de indignación total.

Carnaza conmigo tienen de sobra y no me extrañaría nada que se lamentasen de la mala vida que les doy a mis hijos.

Ese pobre bebé, que no está recibiendo la colorterapia adecuada y cuya piel corre el serio peligro de… ¿estar limpia?

Ese pobre bebé-niño, obligado a andar por la calle, a sentarse para comer, forzado a jugar al aire libre en vez de quedarse calentito en casa delante de la tele. Le saldrá hiperactivo con esas canciones que le canta, seguro (que en comparación con los cantos gregorianos infantiles que por aquí se estilan, les deben de sonar a Punk Metal). Apuesto lo que quieras a que se ríe tanto porque tiene alguna conmoción cerebral ¿o no has visto la cantidad de chichones que tiene el pobre? (¡y yo qué culpa tendré de que el niño vaya a aprender a decir antes Gerónimoooooooo que mamá!).

Al mayor ya se le puede dar por perdido, hablando en esa lengua extraña (suena como a latín ¿no? ¡como la niña del exorcista!), bebiendo sólo agua y viviendo en la ignorancia de quiénes son los Power Ranger.

Ya lo sé. Pobrecillos.

El problema de la carnaza es cuando hasta yo les daría la razón para pensar mal y es que, hablando en una lengua extraña con los niños, al final a ellos les llega la mitad del mensaje, haciendo que explicarse quede todavía peor.

La semana pasada fue movida: el lunes vino el deshollinador, el martes el propietario a mirar el contador del agua, el jueves un técnico (a salvar la lavadora). Y ayer en la panadería (radiopatio del mierdapueblo) yo tenía prisa porque iba a venir el cristalero:

- Niño, suelta ese bretzel y date prisa que va a venir el señor de las ventanas.

- Tschüss! Ich muss gehen. Gleich kommt ein Mann nach Hause (niño a la panadera: ¡Adiós! Me tengo que ir. Ahora va a venir un hombre a casa).

- Dein Papa schon Feierabend? (panadera: ¿tu papá ya termina de trabajar?)

- Nein, mein Papa kommt erst, wenn es dunkel ist. Wenn mein Papa beim arbeiten ist, dann kommen Männer nach Hause. (No, mi papá viene cuando está oscuro. Cuando mi papá está trabajado, vienen hombres a casa).

La cara de la panadera fue un poema (y la mía). Más que carnaza, le había puesto un solomillo en bandeja…