domingo, 29 de agosto de 2010

Entre rejas

Yo no he sido muy de parque (de interiores).

En cuanto mi hijo mayor empezó a explorar, reorganicé un poco los armarios de la cocina, los libros del salón y poco más.

El niño, claro está, no se limitó a jugar con sus juguetes: Tenía épocas en las que lo que más le divertía era sacar toooodas las ollas del armario o apretar los botoncitos del equipo de música; pero con un poco de permisividad fingida (en el fondo que aporree las ollas con una cuchara de madera me da igual) y un par de “noes” enérgicos (por los botoncitos), nos las arreglamos bastante bien. Jamás he tenido que asegurar un armario o taponar una puerta. El parque que, por recomendación general había comprado, lo regalé sin estrenar al mudarnos al mierdapueblo.

Tonta de mí, di por hecho que con mi hijo pequeño sería igual.

O mejor, incluso, ya que ha sido un bebé mucho más tranquilo y fácil de contentar:

Hasta hace poco me acompañaba en todas mis ocupaciones sin problemas: ducharme, vestirme, cocinar, tender la ropa, ir a la compra, comer… etc. Fuera de casa, se entretenía mirando y, en casa, con algún juguete o pseudojuguete (una olla, por ejemplo).

Hasta hace poco… Hace más o menos un mes que la cosa empezó a cambiar.

De pronto, los únicos armarios de la concina que le divierten son el de los platos y el de los productos de limpieza. De pronto, la basura es lo más, meter la mano en el váter es guay, aporrear las lámparas, masticar los cables… Da igual los juguetes que tenga, lo bien que imiten los objetos reales que le obsesionan, las alternativas “permisivas” que le ofrezca (la olla de verdad, los tuppers, el bote de champú…), no señor, el niño sabe perfectamente lo que quiere.

Y no entiende un “no” por muy enérgico que sea y por mucha cara de enfadada que ponga. Más bien parece que le diga “¡adelante!”, porque es pegar el grito y mirarme, enseñarme esa dentadura (que me va a costar un riñón de dentista) y acelerar el ataque. He probado a decir “sí”, a ver si es que el niño ha aprendido al revés, pero tampoco.

Desde que hemos vuelto de vacaciones he tenido que trasladar mi ducha mañanera a la hora de la siesta o la noche (era salir llena de jabón a sacarle del váter y en un plis plas se me había metido bajo el chorro vestido).

El lunes pasado ya había instalado todo tipo de seguros en armarios, neveras y demás.

El martes me encontré con que tenía medio salón y media cocina en el pasillo (lámparas, basura, artilugios para la chimenea…).

El miércoles, además, tuve que sacar las sillas (porque se sube encima y de ahí a la mesa del comedor y de ahí, o le bajo o me hace tarzán con la lámpara).

El jueves le tuve que sacar del fregaplatos.

El viernes estaba pensando en cómo sacar el sofá del salón (al que también escala) y si cabría en el pasillo, pero a mediodía más o menos ya había aprendido a abrir las puertas, así que el pasillo (con escaleras) dejó de ser zona protegida.

Esa misma tarde mandé a mi marido a por un parque y desde ayer hemos recuperado el orden normal de las cosas, por lo menos para ducharnos rápido, sacar la quiche del horno o hacer las albóndigas de una tirada.

Cuando le meto en el parque, llora un rato. Luego se le pasa y juega o “canta” paciente, saludándome a intervalos, unos… ¿15 minutos? ¿20? ¿30? Depende de lo que tenga que hacer.

Supongo que será cosa del trauma y de no sentirse querido, abandonado y aparcado para que su madre egoísta pueda tomarse un aperitivo o hacerse la manicura… o hacerle la cena o limpiarle el culo a su hermano. Para las Übermütter del lugar no hay diferencia. Des-fusionarse así del niño, meterlo entre rejas, va en contra de lo que por aquí se entiende como educación sin límites, digo crianza respetuosa. Mejor atiborrarles a bretzel con 3 dedos de mantequilla (Bio, por supuesto).

A mí, sinceramente, después de una semanita fina y con la tripa cada vez más molestona, la jaula me ha salvado los nervios (y al niño).

martes, 24 de agosto de 2010

Lo malo, si breve, es menos malo...

Croacia es un país precioso, sí, estupendo y maravilloso… si te gustan los deportes de riesgo, la escalada y tienes una salud de hierro.

Para irse de vacaciones con niños pequeños (y embarazada) Croacia (la costa de Istria, más concretamente Premantura) es una mierda. Vamos, como que nos hemos vuelto una semana antes de lo previsto.

- Después de casi 10 horas de trayecto infernal en coche, con los niños de muy mal café (salimos a la 1 de la mañana pensando que así dormirían, pero no se nos ocurrió que llevando en la cama desde las 8 de la tarde, ya estaban más o menos descansados), llegamos con el coche cargado, el pequeño con 39º de fiebre, 38º a la sombra y nos dicen que hasta dentro de 4 horas no podemos entrar en la casa.

- Cuando por fin nos dan la llave, me pongo a deshacer maletas. A mí me extrañaba que el coche fuese tan lleno. Normalmente yo lo dejo todo preparado y es mi marido el que lo mete en la maleta (según él su percepción espacial es mejor). Nunca más, por supuesto: cuando empecé a sacar abrigos, bufandas, botas de agua y demás prendas de abrigo casi me da un ataque; cuando me encontré con 2 juegos de toallas sin estrenar (además del escuadrón de toallas que yo ya había dejado preparado), tuve que contar hasta 10 y respirar; cuando me encontré una toquilla de recién nacido (que ya había lavado y guardado en su cajita con papel cebolla y saquitos de lavanda para el próximo churumbel), directamente me puse a chillar.

- La playa de los bungalows, la “única” de arena de toda la zona, era más pequeña que una piscina infantil municipal. Cualquier Strandbar de Berlín le daría mil vueltas, tanto en tamaño como en la calidad de la arena (incluso el agua del Spree era más transparente).

- El pequeño dijo que los potitos alemanes se los comiese un alemán. No me extraña, la verdad, porque son bastante repugnantes (bastante más que los españoles), pero en vacaciones supuse que no le importaría. Menos mal que el niño es como una basurilla y se lo come todo (todo menos esos potitos), porque ha estado una semana alimentándose de lo que había (desde pasta boloñesa picante hasta calamares al ajillo). El estrés de una posible reacción alérgica no me lo ha quitado nadie, eso sí.

- Hasta el 3º día no encontramos una playa más o menos decente. Esto quiere decir que nos pasamos hasta entonces con el coche para arriba y para abajo a 30ymuchosº buscando calitas en una reserva natural (lo único que había) y destrozando los amortiguadores del coche (reserva natural = no asfalto). La mejor cala para estar con niños era de difícil acceso, así que ahí que nos teníamos que poner a hacer escalada un niño de 3 años, un adulto con bolsas de playa y un bebé gordo en brazos, y una embarazada de 7 meses. Al bajar y al subir.

- El niño de 3 años se cree Indiana Jones, así que había que estar corriendo detrás de él para que no reescalase y se lanzase al agua (como hacían todos los mayores) o no se lo llevase una súperola. El niño de casi un año se cree Nemo y pensó que la playa era una extensión de la bañera (y no valían las galletas). Los adultos no han podido sentarse un segundo.

- Los mosquitos croatas son seres superiores. Daba igual cuanto Autan llevásemos encima, siempre siempre encontraban un huequito para picar. La primera noche me picó uno en el párpado derecho y me dejó 2 días como la prima fea de Quasimodo. Cuando se bajó la hinchazón y me unté Autan croata (por si las moscas compramos uno de allí, a ver si era más eficaz) hasta en los ojos, me picaron en la boca. Seres superiores.

- Cuando parecía que nos estábamos haciendo con la situación, a mi marido le pica una pedazo de medusa en el brazo. Se le pone como un melón y se tira 2 días con fiebre (nota mental: recordarle el desprecio con el que miró las bolitas homeopáticas que traía y cómo se lanzó ávido a por drogas, o sea paracetamol de toda la vida, en plena tiritona febril). A pesar de intentar ayudar, estaba fuera de combate, así que me quedé yo sola al cuidado de todos.

Obviamente, decidimos no alargar más la cosa.

Yo ya sabía que irse de vacaciones en mi estado y con niños pequeños no iba a ser relajado, ni fácil, pero el destino elegido ha terminado de rematar la faena.

A pesar de todo, hemos tenido momentos buenos y los niños han disfrutado, pero me quedo con la frase de mi marido esta mañana:

“La próxima vez hacemos como los alemanes inteligentes y nos vamos a España”

jueves, 12 de agosto de 2010

Resolución (¿pacífica?) de conflictos (o cómo hay veces que no queda otra que matar al mensajero)

(Inciso prevacacional)

Bando 1: Cara de golfo y mucho salero (a.k.a. soy un sensiblón de cuidado). Casi 4 años. Último día de guardería y en pleno colocón de ibuprofeno (fiebre oportuna post-guardería y prevacaciones controlada).

Bando 2: Rubio angelical y caidita de ojos profesionalizada (a.k.a. irradio bondad pero soy un pieza de cuidado). Casi 1 año y 11 kilos. A punto de andar y en plena fase destroyer total. Muela despuntando y muy mal café.

Campo de batalla: Lluvia infernal de pseudoverano alemán, así que esta tarde toca alfombra mullida del salón de casa.

Mensajero: Por supuesto, Moi-misma. Mamáenalemania con bombo creciente (ya no puedo dormir ni bocaabajo ni bocaarriba) que tira y molesta y todavíasinnombre comodón dando pataditas. 2 noches sin dormir (la muela del angelito) y en pleno follón organizativo prevacacional (compra cremas, potitos, sombrilla, coordina lavadoras…etc. incluso post despedida-vacacional publicado).

Acontecimientos:

Sensiblón quiere construir un castillo con sus piezas de madera (retro por supuesto).

A Destroyer ya le están haciendo chiribitas los ojos imaginándose el estruendo de las torres al caer (por un golpe de su manita rechoncha, obvio).

Mensajero ve el percal y se pone en medio. Destroyer adopta pose de tanque soviético y se pone a trepar por encima del Mensajero.

Sensiblón divisa al enemigo y grita “¡Nooooooooooooooo!”.

Destroyer ríe maléficamente (…y enseña sus 7 dientes esos que le han salido tan al tuntún que le cabrían monedas de 2 euros entre cada uno… está divino).

Mensajero se pone a construir un castillo para desviar el ataque de Destroyer.

Parece que cuela.

Sensiblón llora amargamente porque su castillo no es el más alto.

Mensajero procura construir un castillo más cutre (difícil).

Destroyer compara castillos y se decide, obviamente, por el de Sensiblón.

“¡Noooooooooooooo!” “huahuahuahuahau (risa maléfica)”

Mensajero consigue agarrar a Destroyer por el pie en el último momento.

Destroyer se tira (lo juro) y llora amargamente, dándose cabezazos contra el suelo (mejor que no se dedique a la interpretación, porque lo hace fatal).

Sensiblón hace honor a su nombre y le trae un cojín a Destroyer para que no se haga daño en la cabeza, mientras le consuela y le dice que le deja tirar una torre (se me cae la baba y bajo la guardia).

Destroyer deja de llorar, le mira, le enseña los dientes y se acerca feliz al castillo de Sensiblón (ahora os parecerá poco menos que un héroe romántico ¿no?), que mira la escena resignado.

Destroyer rompe los esquemas cuando coge una pieza y la pone encima.

Silencio.

Bocas abiertas y aplausos del Mensajero y de Sensiblón.

Sensiblón se hace ilusiones.

La paz dura 1 segundo: Al bajar su morcilla, digo su brazo, Destroyer ha tirado la torre (para la que, en teoría, tenía permiso).

Sensiblón llora.

Destroyer no comprende.

Mientras mensajero consuela a Sensiblón (y le recuerda que esa torre podía tirarla), se oye PUMPUMCRASH… “huahuahuahua”…

Adiós castillo.

Sensiblón llora muuuuuuucho más.

Destroyer irradia felicidad absoluta rodeado de lingotes de madera y se lo restriega a Sensiblón rematando lo poco que quedaba en pie (y Mensajero tiene que aguantarse la risa, pero es que está divino de verdad).

Mensajero le promete a Sensiblón que le ayuda a reconstruirlo.

Manos a la obra.

Mensajero se pregunta cómo narices un niño de 4 años (casi) se puede acordar tan exactamente de dónde iba cada una de las piezas. Y se lamenta, claro, porque Sensiblón se ha convertido en arquitecto y sólo da órdenes y Mensajero es el que pringa.

Destroyer se relame y adopta posición de ataque.

Mensajero no sabe qué hacer (y se lamenta de no haber comprado un parque).

Galletas. Sí, Mensajero se pasa las normas de la Übermutter-tipo por el forro, saca las galletas de animales y prepara un circuito-gourmet alejado del futuro castillo.

Destroyer empieza a comer.

Sensiblón ve el circuito y quiere comer también.

Mensajero le ofrece galletas durante la obra, pero Sensiblón prefiere hacer el circuito con Destroyer(¿y vengarse?).

Mensajero se tumba en la alfombra (de lado, claro) y desea que su marido llegue YA.

Acabado el circuito sin dramas (Destroyer todavía no entiende de cantidades), se colocan los Bandos en posición inicial.

Vuelta a empezar.

Esta tarde no he podido hacer NADA de lo que tenía pensado y, ahora que duermen plácidamente después de haberse dado besitos, arrumacos y quererse mucho los hermanos, ni ganas que me quedan.

Mensajero quiere irse de vacaciones… (solo…).

lunes, 9 de agosto de 2010

Vacaciones

Dentro de un par de días nos vamos de “vacaciones”: 2 semanas a la playa con los niños.

Hemos alquilado una casita/bungalow a pie de playa en Premantura (Croacia) y salimos el sábado por la noche, para evitar el calor y que los niños (y sus padres) tengan que sufrir 9 horas de coche despiertos, aburridos, agobiados y asados.

Hasta ahora nuestras “vacaciones” habían consistido en visitar a la familia o dejarnos invitar a un viajecito con los abuelos (una gozada, lo reconozco), pero este año mi marido se puso pesado y hace unos meses nos pusimos a buscar alternativas más íntimas.

Estoy mentalizada y preparada para la aventura. Ya sé que descansada no voy a volver (probablemente todo lo contrario, porque además la panza crece y abulta por momentos), pero me muero de ganas: son nuestras primeras vacaciones solos en familia.

Me siento igual de ilusionada que cuando mis padres nos llevaban de viaje a mi hermana y a mí. O más, incluso, porque cuando tienes un hijo te cambia el chip y disfrutas mil veces más dando que recibiendo.

El pequeño todavía no comprende, no se sorprende ni se entrega tanto; pero el mayor sí y lo que más me apetece, lo que espero como agua de mayo, es ver cómo se le ilumina la cara con cada detalle: la playa, el castillo de arena, las ruinas medievales (que ahora está en la época caballero a tope), la pizza para cenar, la pelota nueva, los mimos a mansalva (que en vacaciones la disciplina se relaja mucho)…

Me pasó estas Navidades, que recuperé la ilusión infantil por las luces, los árboles, los Reyes Magos, los regalos enormes. Toda esa parafernalia navideña que de alguna manera había aprendido a despreciar y que tachaba de consumista, innecesaria y un poco hipócrita, me pareció lo más maravilloso del mundo cuando la vi a través de sus ojos alucinados y su boca muy abierta, cuando me gritaba “¡Mamá! ¡Mira!”, tirándome de la manga, como si yo tampoco lo hubiese visto nunca antes.

Y ahora con las vacaciones igual.

Además que, como buena española, me he tirado los veranos en la playa y ese olor a sal, esa sensación de limpio después de la ducha y el after sun, esos desayunos al sol y cenas en la terraza al fresquito de la brisa marina, ese caer redonda en la cama después de un día agotador con la sensación del sol todavía en la piel, superan con creces la madalenita-flashback de uno que yo me sé.

Estaré incomunicada hasta septiembre, pero volveré, que empieza la cuenta atrás.

¡Felices vacaciones a todo el mundo!

jueves, 5 de agosto de 2010

Cuestión de protocolo

Es difícil hacer amigos alemanes en Alemania, ya lo he dicho varias veces.

Por supuesto que las circunstancias influyen mucho: no es lo mismo estar de Erasmus que trabajando, no es lo mismo una empresa grande que una pequeña, no es lo mismo una ciudad grande que una aburrida (como una ciudad-balneario) o un mierdapueblo, no es lo mismo estar soltera que tener niños, ni tener niños mayores que tener bebés…

En cualquier caso no es nada fácil, sobre todo porque las normas alemanas no escritas sobre lo que está bien o mal en lo que a acercamiento humano se refiere, no tienen nada que ver con las españolas.

Mi marido considera que yo voy por el buen camino, ya que tengo 2 amigas alemanas en el mierdapueblo. ¿2 amigas en 2 años y 2 meses que llevamos aquí y le parece que voy por buen camino? Sin comentarios.

Yo, además, no las considero mis amigas. Para mí, que alguien sea mi amigo (aunque no íntimo) es otra cosa.

Esas 2 amigas alemanas (o más bien a la alemana) son, por supuesto, Rabenmütter. Malas madres y peores mujeres: trabajan (las dos a media jornada), han salido más de una vez a cenar sin sus hijos, se quejan de la falta de sueño, obligan a sus maridos a colaborar en las tareas de la casa y a implicarse en la educación de los niños, no saben hacer tarta de manzana ni hornean su propio pan por las mañanas… Encarnaciones demoníacas terribles, vamos.

Como aquí las Rabenmütter hemos desarrollado una especie de radar para detectarnos (la soledad es lo que tiene), en los dos casos ha sido vernos y reconocernos.

El primer acercamiento, para tantear. Sí, una Rabenmutter ¡chachi! Cruces de palabras mañaneros en la puerta de la guardería, a ver cuándo nos tomamos algo… lo típico cuando conoces a alguien en este tipo de situaciones ¿no?

Para nada.

En España (o con españolas), en esta misma situación habríamos tardado una semana en organizar una cena. En el mierdapueblo (y similares), después de 2 años (¡2 años!) hoy, por fin, se ha dado El Paso: tomarnos un café.

A principios de semana me llamó la “amiga” en cuestión para invitarme a un capuccino así espontáneo en su casa HOY (espontáneo en alemán: con una semana de antelación se hace un hueco en la agenda).

El café lo podríamos haber lamido del reluciente suelo que, me consta, ha limpiado expresamente para mí: Una mujer con 2 niños pequeños que trabaja y no tiene ayuda, no tiene la casa lista todos los días para el fotógrafo del CountryLife ni de coña. No la tengo yo y no trabajo y viene una chica 2 días a la semana a limpiar, así que no espero que la tenga así nadie.

A todos nos gusta que la gente se moleste hasta cierto punto por nosotros, por supuesto que sí. Pero ese tipo de detalles, más que crear un ambiente distendido, formalizan todo mucho más: ¿dónde queda la espontaneidad de verdad, tan característica de una relación de amiga, si no puede tropezarse con un par de legos al entrar o verte suspirar mientras te resignas al reguero de migas que está dejando tu hijo con su 4ª galleta? ¿No es eso lo normal cuando tienes niños? ¿No es así como realmente está tu casa todos los días? ¿Ahora sólo la puedo invitar yo espontáneamente el día que haya venido la chica, para que no se asuste al ver que mi casa está igual que la suya cuando no voy?

Aún así, no es plan de ponerse exigente por estos lares y la verdad es que la mujer es simpática y mala madre, así que, aceptando pulpo como animal de compañía, me dispongo a intentar disfrutar de una conversación de adultas con sordera selectiva (pumpum ñiiiiiiiii pumpum crash de fondo, ya sabéis).

Ya que a mí me falta uno de los requisitos indispensables de las Rabenmütter-tipo (trabajar), lo primero es la contraseña “¿qué tal tu vida de ama de casa (Hausfrau)?”… “Pues harta, la verdad” y, ábrete sésamo, ya eres de las suyas.

Como llevaba ya bastante tiempo sin entablar amistades autóctonas por mi cuenta, se me habían olvidado las pautas discursivas protocolarias alemanas: nada más terminar de despotricar sobre la situación de las mujeres en este país (en especial por esta zona), me encuentro con el probable guión para la segunda parte de El Desencanto: Esta mujer me ha hecho una radiografía familiar, con especial hincapié en y todo lujo de detalles sobre los trapos más sucios, que me ha dejado anonadada. No porque tengan trapos sucios, no, que de eso hay en todas las familias, sino por la facilidad y la naturalidad con la que te cuentan aquí por qué, cuándo y cómo se ha dejado de hablar con su hermano o su hermano con su padre o su padre con su primo, o cuántos golpes de cinturón se llevaba su padre de su abuela cuando era pequeño, o que no quiere a su madre, o que su hermanastro es alcohólico.

Sin embargo y aun teniendo información suficiente como para intuir los traumas freudianos de sus primos segundos, es demasiado pronto (según el protocolo) para preguntar qué método anticonceptivo le parece mejor, qué se toma para el dolor de regla, si ha tenido hemorroides después del parto o si le resulta guapo Brad Pitt.

Para mí, el mundo al revés o yo es que soy rara y me siento más cómoda hablando de temas más universales y menos comprometidos (aunque no lo parezcan) con una desconocida. ¿Qué es más íntimo: la marca de la píldora que tomas o las infidelidades de tu padre? ¿Y qué es más personal?

Y así no es de extrañar que, en este país, la consistencia de la salsa del pollo genere debates apasionantes (zzzz) durante la comida, mientras que el anuncio de tu embarazo se quede al nivel de un “pásame la sal, bitte.”

Me corté el pelo en Madrid, muy corto (nada nuevo, por otra parte, cada par de años me canso y me corto la melena). Toooodo el mundo me ha dicho algo al respecto (que me queda muy bien, por si interesa). Toooodo el mundo de verdad, o sea, incluso esos que siguen a estas alturas empeñados en obviar que algo me pasa, algo grave: o me he tragado una pelota de fútbol, o tengo unos gases preocupantes o estoy embarazada. Con un par.